viernes, 11 de mayo de 2012

¿Quién perdió el Debate?


En materia de política (y otras cosas) siempre he sido un tronco.
Las matemáticas, por ejemplo, nunca se me dieron, ni me importó que no se me dieran. Pero sí quería ir a la Uni, así que no hubo de otra más que quemarse las pestañas y comer derivados, algoritmos y todas esas bromas.

Más de una vez, hemos evitado los temas políticos entre amigos, por ignorancia, por indiferencia, por no agarrarnos del chongo, en resumen, porque nos vale.
La cosa es, que así como con las mates, si no sabes lo mínimo, pelas pepinos. Y es precisamente a raíz de esta parafernalia de las pre-campañas que me he puesto a pensar un poco en el peso y la importancia real de nuestros gobiernos. 
Si bien ningún partido nos convence del todo, o en lo absoluto, creo que lo mínimo que debemos hacer es informarnos y estar conscientes de las plataformas, el historial y las propuestas de nuestros candidatos presidenciables, eso no debe ser algo que nos valga.

Quizá haya muchas cosas que no están en nuestras manos, pero en la medida que las personas intentemos acercarnos a la información que está a nuestro alcance (aunque el Peje diga que las monstruosas televisoras nos controlan y manipulan la info a su conveniencia) lo cual es cierto, pero seamos honestos, estamos llenos de otras opciones de comunicación y de periodistas serios en este país. Señores, el verdadero poder de la información y de la verdad no está en casa de los Azcárraga, todo lo contrario, basta con hojear el periódico, aunque terminemos leyendo el horóscopo, basta con buscar en sus iphones otra cosa que no sea el facebook, el twitter o la foto de la edecán con el escote más famoso del mundo mundial. En nosotros está la libertad de decidir en qué y no creer.
La carrilla política está suave, claro que sí, pero no hay que perder el punto, se trata de elegir al próximo inquilino de Los Pinos, nos guste o no.

Nos ha sido muy fácil apuntalar las fallas, las tranzas, los trapitos sucios, y toda la porquería que a veces cargan los políticos, y sí, de que los hay chuecos, los hay.
¿Y nosotros qué? ¿Cuáles son nuestros trapitos sucios? Me cae que es bien padre ser el Simon Cowel del American Idol político, es padrísimo estar de juez, esperando ver quién resbala o ver a quién se le desafina la tonada, yo lo hecho, y todos por lo menos una vez también (lo saben).

No es que yo sea la ciudadana ejemplo, para nada, sólo creo que si ni el hipster de Quadri, ni el mi rey de Peña, ni el crazy lover del Peje, ni la falda de la Vázquez Mota nos llenan el posillo de expectativas, siempre habrá otra opción, voltear el espejo y ser el Simon Cowel de nuestras propias canciones. Porque simplemente creo que está de la burra esperar a que los cambios dependan de una sola persona, de un sólo partido con el que no estaremos identificados durante 6 años.

Hacer corajes es facilísimo, tomar las riendas de nuestras vidas es otro son… y habemos muchos que ni queremos corearlo. Son a veces las cosas más simples de nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestros malos hábitos, la manera en que tratamos a la gente, y al mundo en general, las que hacen una gran diferencia, para bien o para mal.

No es que no importe quién gane este próximo 1 de Julio, pero qué diferencia hay si los cambios no vienen de cada uno de nosotros y aprovechamos lo que sí está en nuestras manos.

¿Quién va a perder su próximo debate?


1 comentario:

  1. Es la primera vez que leo algo diferente y me impactan tus palabras ciertas...tu filosofía...tu expresión de tu forma de ser, sentir y percibir nuestro ambiente en nuestro querido México...ETC.

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